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15 de enero de 2002
Carnavales de Boconó
Una de las tradiciones de mayor arraigo en el Municipio Boconó son los carnavales. En el periódico El Progresista (año I, Serie 1, del 18 de febrero de 1881) se registra la siguiente crónica:
Carnavales de 1920 - Avenida Miranda
“Los suscritos, incansables en el propósito de llevar a Boconó a la mayor altura de civilización que les sea posible, y en conocimiento de que el carnaval de grageas y disfraces es el único que se acostumbra en las naciones cultas, se proponen iniciarlo en el presente año. Al efecto cuentan con la cooperación eficaz de todos los habitantes de esta ciudad. Adelante: que no se queden señoras, ni señoritas, viejos ni mozos, jóvenes ni ancianos, que no se entreguen a tan inocente pasatiempo. Esperamos que desde as 8 a.m. del día 27 de los corrientes, la población se transforme completamente, que sea una verdadera lluvia de disfraces, arroz, confites, flores, perfumes y &&. Por la noche habrá un bonito baile capitaneado por los suscritos y con la ayuda de varios jóvenes distinguidos de esta ciudad”. Quienes firmaban la nota: Prisco Villasmil, Pablo M. Gonzalo, Napoleón Mazzei, Martín Márquez e Ignacio Baralt muy posiblemente querían introducir variantes menos agresivas que las que caracterizaban los festejos carnavalescos de la época y que constituían costumbre aparentemente usual en el país como era la de “jugar carnaval” con harina, agua, almagre, negro humo y otros tantos ingredientes que atribulaban a los mayores e introducían a los jóvenes a una auténtica catarsis tras agitados enfrentamientos entre bandos, sin que llegaran a ocurrir –a no ser excepcionalmente- circunstancias lamentables. Este juego o jugarreta se hacía en Boconó, particularmente... ¡el miércoles de ceniza!. Suponemos que los sacerdotes respectivos se harían de la vista gorda ante semejante barahunda en la que con igual ímpetu participaban moderados y revoltosos, prudentes y arriesgados, conspicuos y comunes. Las personas se apertrechaban en sus casas y las mozas buscaban a jóvenes fornidos que se constituyeran en sus guardianes cuando el sofoco causado por la harina o el estropicio causado por baldes de agua, agotaban sus defensas personales. Calculamos que esta peculiaridad se dio en Boconó hasta mediados de la década del 80, repetimos, cuando el clima urbano se convirtió en un escenario riesgoso para mantener semejante barbarie. Pero el Carnaval de Boconó, a través de los años, fue mucho más que eso, según se deduce de las historias orales, las fotografías de la época y las observaciones personales. En efecto, en esta festividad se ponía de manifiesto la ingeniosidad de boconeses y boconesas para la decoración de carrozas y confección de disfraces, habilidad que se prolonga hasta nuestros días. Las comparsas alegres, extrovertidas, audaces fueron otra característica y sobre todo, los mamarrachos. Los mamarrachos eran la alegría y el temor de los niños por su presencia impensada en cualquier espacio, su atrevimiento, su gracia y su disposición a cometer las más increíbles payasadas. Se recuerdan, sobre todo, matrimonios, bautizos y juicios cuyos protagonistas escenificaban diversas escenas jocosas, recorrían las calles y ocasionaban risas y comentarios festivos de los observadores. En esas épocas no constituía ninguna limitante carecer de dinero dado que la mayoría de la población tenía una posición económica precaria. Los disfraces se hacían con papel, telas baratas, cartón y lo demás lo suplía el ingenio de los artistas naturales que en Boconó crecen como la verdolaga. El grito consabido de: “¿a que no me conoces?” irrumpía en las casas en horas de la noche cuando un grupo de caballeros con frac, pumpá, bastón y máscara indefinible; fortachones barbudos, corpulentas damas cuyos atuendos provocaban asombro pues su frente era al revés (rostro, traje, cuerpo y ademanes); zamuros cuyas amplias túnicas asustaban amén de un pico amenazante, fantasmas, brujas, “galenos en acción” portando bisturís, estetoscopios y termómetros, Señoras de Antaño (con aparatosos sombreros , crinolinas y faldones de vuelos rizados), empujaban las puertas y hacían de las suyas en los escasos minutos que duraba la “visita” la cual se repetía en todas las casas del pueblo.
Carnavales de Boconó en 1927
Cuando llegaron los primeros automóviles descapotables los creativos de la época los exornaron con rosas y serpentinas y en su interior señoras y señoritas disfrazadas de flores (pensamientos, margaritas), colombinas y odaliscas, lanzaban pétalos de rosa, abanicos, chocolates y perfumes (Ramillete de Novia, Loción Pompeya, Pachulí) a la muchedumbre congregada en las calles para verlos pasar. Se cuenta que en una ocasión un entusiasta carnavalero lanzó profusión de monedas “de a cuatro” (Bs. 2) y fuertes (Bs. 5) causando un revuelo incontenible dadas las condiciones de estrechez económica que caracterizaban el poblado. Elegantes jinetes escoltaban los desfiles. Con asombro y admiración el pueblo llano veía pasar aquellos paladines del goce ilimitado y efímero. Cuéntase que los presidía un personaje popular: “Perruncia”, quien armado de garrote y garbosamente, se colocaba al comienzo de la celebración. Personaje recordado por el poeta Homero Leonardi en los siguientes versos de sus “Pordioseros de Ayer”: (...) Se fueron mis pordioseros/ de las calles empedradas/ fueron retazos del pueblo/ reliquias abandonadas/. Se me fueron las Basilias/ los Tililes y Perruncias/ los Pirolas, Piedras Limpias/ todos los de ropa sucia/. Si alguna tarde de lluvia/ voy al campo de los muertos/ le he de llevar a Perrunciaq/ flores blancas de mi huerto (...)”. Durante la dictadura de Pérez Jiménez (década del 50) se concedió a los carnavales especial atención.. En la Plaza Bolívar se realizaban bailes populares, se alegía la Reina y se la dotaba de una carroza, la cual, seguida de numerosos automóviles recorría las calles del pueblo lanzando caramelos y serpentinas. Es de recordar a Pacífico Ruiz, entre los organizadores de tan concurridos saraos. Las cosas cambiaron progresivamente. El carnaval se fue limitando a la gestión personal de algunos entusiastas. Se recuerdan, por ejemplo, las fastuosas carrozas del Sr. Alfeo Cereza, quien trajeado como marinero, con kepis y pipa en la boca, manejaba un transporte atractivo (años ¿70, 80?) Y en su interior grupos de jovencitas trajeadas como ninfas, hadas o danzarinas egipcias arrojaban caramelos a los espectadores. El renovado matrimonio de Felipe y Gabina Infante introducían novedades inesperadas cada año a su cortejo de padrinos, invitados y meninas. Los bailes se celebraban en los Clubes Centenario, 24 de Julio y Club del Magisterio y en las calles. Se efectuaban concursos para premiar los disfraces más logrados: cosacos, bailarinas rusas, gitanas, arlequines, pierrots.
Carnavales de 1946 - Avenida Miranda
Se recuerdan, entre las sucesivas reinas a Rosita Castillo (1925), Corina Jugo (1926), Bettina Velazco. Entre las destacadas orfebres y hábiles artesanas destacan: Carmen Iturrieta de Pino, Clemencia González, Friné Salas. Entre los propulsores de la fiesta: Vilma Montilla, René Velazco, Francisco Mercado, Marilú (Negra) Chacón, Catalina Mora, Nancy Araujo. Por otra parte, el público esperaba con impaciencia las sorpresas que habrían de aportar cada año Odila Quintero, Clemencia Isea, Leonor Gabaldón, entre otras, con máscaras importadas de otros países. En la actualidad lucen prestigiosos disfraces Teresita Suárez Altuve, Ana Margarita Larios, Winston Pimentel. Nota aparte merece Mariela Carrillo cuyos sucesivos atuendos merecieron un lugar de honor en las exposiciones periódicas que promueve el Museo Trapiche de Los Clavo. Para acentuar una tradición de tan larga data, el año 1985 el Concejo Municipal, presidido por Don Venancio Villasmil Aponte, asistido por el Profesor Saúl Villasmil decretó los Carnavales Turísticos, los cuales, desde entonces han ido adquiriendo justificado prestigio por varias razones: presencia multitudinaria de la comunidad en los desfiles que cada año presentan mayor variedad y prestancia; apoyo económico de las sucesivas Alcaldías que permiten realizar, simultáneamente, actos rumbosos en el Stadium y las Avenidas programando templetes y bailes populares; y oportunidad para que la proverbial creatividad de hombres y mujeres participe con carrozas representativas de Parroquias, barrios, urbanizaciones, y se hagan merecedores de premios sustanciosos que también se otorgan a los disfraces más espectaculares. En estos festejos anuales cuenta con peso propio la iniciativa y sugerencias del Instituto Tecnológico Universitario Don Rómulo Betancourt, cuyos representantes forman parte de las respectivas Juntas y participan con llamativas carrozas. Sobra decir que en esta festividad hay presencia mayoritaria del pueblo quien pone en evidencia sus poderes creadores en la confección de las carrozas y en el atavío de sus ocupantes. Destaco entre ellas, la que obtuvo el primer Premio del año 2001, representativa del mundo de los Momoyes, nuestros míticos paisanos protectores de recodos y lagunas. Elaboraciones gigantescas en papier maché, animación e iluminación de las personificaciones, y atuendo con bejucos, sensen, fibras y colorantes naturales en los niños concurrentes, merecieron el aplauso unánime de la multitud. También el pasado año 2001 destacó sobremanera la comparsa del Palo de la Cinta, festividad popular folklórica que tradicionalmente recorre el pueblo el 2 de febrero, Día de La Candelaria. Entonando la melodía que se inicia con el verso “le canto y le canto y le vuelvo a cantar..” campesinos de Las Lomas del Pabellón, Isleta y Mitimbís, cuyo Capitán actual es Hermes Palma, elaboraron graciosas máscaras, los hombres vistieron trajes femeninos estrafalarios y escenificaron la domesticación y danza de imaginarios osos trajeados con sensen. Según informan vecinos de Niquitao también allí era frecuente en el pasado, esta presencia de “locainas” en las cuales comparsas tradicionales y folklóricas, en medio de pantomimas y con gestos atrevidos personificaban el Diablo, el Viejo y la Vieja, el Mudo –que cuereaba a la gente- la Muerte y causaban gozo, admiración y asombro ante ese teatro de calle popular. Igualmente hubo épocas en ese poblado en el que los adolescentes organizaban comparsas atractivas que recorrían las calles. El Carnaval se prestigia con la presencia de acreditadas orquestas nacionales cuya actuación marca el comienzo de la jornada. Frívolo por demás este festejo sirve para entretener al pueblo y atraer turistas. Con estos propósitos las Alcaldías promueven la integración de Juntas Carnavalescas (que han presidido, entre otros Jorge Moreno, Henry Sáez, Juana Lárez), abren las arcas y promueven los remates en los cuales, previo compromiso de acatar normas establecidas, diversos empresarios, para tener la exclusividad en las ventas de cerveza, comidas, ropa y alquiler de kioskos., negocian con la Junta una suma de dinero con la cual se favorecerá la elección de la reina, contratación de artistas, grupos musicales, concursos, carruseles, bandas show, carrozas, desfiles y otras atracciones. Se vive un ambiente de general expectativa y gran parte de las escuelas invierte su tiempo en resolver cómo y de qué manera hacer para que la comparsa de sus alumnos sea la más elogiada por el público. Al final no faltan críticas justificadas: tiempo excesivo de espera en los desfiles, gastos dispendiosos , disfraces ofensivos a la moral, vías intransitables, vulgaridades, exceso de consumo de alcohol, quejas por las basuras de cada noche y escándalos que se escenifican en las calles, descontento por la adjudicación de los premios. No obstante, al culminar la jornada, igualmente se califican el orden relativo de los desfiles, la belleza de los conjuntos, la gracia de las comparsas, la ocurrencia de los audaces. Por ello..¡aprestémonos todos a celebrar con los organizadores (José Gregorio Ojeda, Iutet y otros) los próximos Carnavales Turísticos de Boconó del año 2002..! Boconó.org ©2002 |
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